Aborto en Argentina: lo que callan los hospitales

En el marco del debate por la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE) en Argentina y de cara a las agresiones por parte de grupos antiderechos a militantes proaborto, se contactó a María Victoria Amadeo, médica y militante feminista de la Red de profesionales de la salud por el derecho a decidir, quien dialogó sobre la realidad de los abortos y el personal médico en Mendoza, provincia del país austral en la que vive y ejerce su profesión.

Según Amadeo, cuando una persona gestante solicita una interrupción del embarazo, generalmente quien recibe la consulta argumenta que este proceso no es legal en Argentina, confunden las causales y otras veces ni prestan atención a éstas, al punto en que algunos profesionales terminan echando del recinto a la persona que consultó. Son pocos los casos en que un profesional de la salud deriva a quien sepa o pueda orientar a la persona en materia de interrupción del embarazo. En estos casos, la persona gestante se ve obligada a someterse a un aborto clandestino o bien a gestar, ante la imposibilidad de acceder a una interrupción de forma segura. 

Cuando la persona llega a una guardia con síntomas de haberse practicado un aborto, lo más usual es que haya personal que se niegue a atenderla, no se le suministren analgésicos y/o se dilate la práctica; estas acciones constituyen tortura hacia la persona gestante que acude por atención. Incluso cuando la persona llega evidenciando un claro caso de aborto espontáneo, los profesionales son escépticos por la semejanza entre éste y una interrupción inducida con Misoprostol.

Cuando la persona fallece por un aborto clandestino, este deceso debe ser contabilizado como “muerte por complicaciones de aborto”. Lo que sí no existe, es una discriminación entre aborto clandestino y aborto legal o espontáneo. También es común que la causa del deceso se atribuya a la complicación última del aborto, como peritonitis o shock séptico. Estas muertes deberían ser anotados como provocadas por abortos, pero no es raro que se ponga la causa más inmediata.

Como último punto, se le consultó a Victoria en qué condiciones se desempeñan quienes integran la Red en el plano laboral. Ella confesó que, como estudiante de la carrera de medicina en la UNCuyo, conoce casos y ella misma recuerda no poder pronunciarse a favor de la IVE o incluso asistir con el pañuelo verde a clases, porque provocaba que los profesores se comportaran de manera hostil con los y las estudiantes, al punto en que estos estudiantes tenían exámenes más complicados que sus compañeros y compañeras que no opinaban o se pronunciaban en contra del aborto.

Por otro lado, reconoce que el ya estar recibida le facilita ciertos procesos, pero que de igual manera hay ambientes de trabajo que se tornan extremadamente hostiles debido a médicos y médicas que se manejan con sus colegas de manera cruel, sesgados por creencias o principios morales propios. Admite haber tenido que renunciar a ciertos trabajos por causa de esto.

De igual manera, la educación universitaria tiene impacto en la visión del profesional sobre el aborto. Victoria realizó una investigación en su último año de universidad en la que encuestaron a estudiantes de manera anónima, además de analizar la forma en que se aborda el aborto en la carrera de medicina en la Universidad Nacional de Cuyo. Cuenta que el tema se aborda únicamente desde el lado de lo legal, lo plantea como un delito, el o la estudiante debe memorizar los artículos del código penal, y allí se termina.

También agrega que hace unos años había una clase en la que se instruía a los y las estudiantes en cómo-a través de engaños- violar el secreto profesional y denunciar cuando creyeran que una persona gestante llegaba a la guardia con complicaciones derivadas de un aborto inducido. Se plantea la interrupción del embarazo solo como una forma de salvar a la persona gestante cuando su vida corre peligro, sin adherir al resto de los tratados existentes.

También cuenta que, en el año 2018, alumnos de primer año de la carrera de medicina que cursaban la cátedra de embriología asistieron a una clase obligatoria y presencial, en la que se planteaba un debate sobre el inicio de la vida. Si no asistían verían perjudicado su semestre.

En esa clase, fueron obligados a ver el “El grito silencioso”, un documental corto de 1984 en contra del aborto, con abordajes que no tienen el nivel de evidencia científica suficiente para permitirle a un o una estudiante elegir, sumamente sesgado y sin información de calidad. Luego de ver el video, eran libres de irse, no dando lugar al debate y enriquecimiento de las posturas.

Victoria Amadeo es de la camada 2019 de egresados y egresadas de la carrera de medicina. Siglo XXI, y aún enseñan películas de los años ochenta para educar a los y las estudiantes que, el día de mañana, deberán velar por la salud de las personas gestantes. Aún hoy, la religión y el patriarcado entran en los hospitales, como un fantasma de presencia imponente, y un varón elige si una persona con útero, realidad que él jamás deberá llevar, vive o muere, a su gusto y placer.

Incluso, lo que es peor, una persona capaz de gestar condena a la muerte a otra igual, muchas veces sin preguntarse qué hay detrás de esas piernas temblorosas que caminan a la guardia y preguntan por asistencia, a veces de forma tímida, a veces a gritos de dolor.