De héroe a feminicida

Alcanzar la fama, los lujos, y hasta el respeto de todo un país, muchas veces puede ser contraproducente para aquellos que no tengan la cabeza bien puesta para soportarlo. Un personaje que ante las cámaras demostraba ser un ejemplo de superación, pero la realidad de puertas para adentro de su casa eran otras

Óscar Pistorius, nació el 22 de noviembre de 1986 en un suburbio al norte de Johannesburgo, Sudáfrica llamado Sandton. Creció en un hogar cristiano y fue educado bajo los valores marcados por dicha religión.

Nació con una enfermedad llamada Hemimelia peronéa, el cual consiste en la aplasia o hipoplasia del peroné, frecuentemente asociada a otras malformaciones de la tibia, del fémur o del pie. Los médicos hicieron hasta lo imposible para salvarle las piernas, sin embargo, cuando Óscar tenía 11 meses, decidieron amputarle una parte importante de sus dos piernas.

Para un niño cualquiera, esta situación lo derrumbaría pues el no tener piernas y más para un niño es algo muy duro. Pero Pistorius era diferente, no quería que lo trataran de manera distinta, buscaba que su vida transcurriese con total normalidad. Aprendió a vivir con su discapacidad, pero la vida le dio otro golpe a los 15 años de edad, ya que perdió a su madre a causa de una reacción alérgica generada en un tratamiento para la malaria.

También lee : Apropiados en Democracia: entrevista a Graciela Amaduri

Siempre le cargó un especial cariño al deporte, aún con la ausencia de sus extremidades. Practicó rugby, waterpolo, lucha grecorromana hasta recalar en el deporte que lo hizo grande, atletismo. De manera inmediata, el sudafricano empezó a llamar la atención cuando le ganaba a referentes del atletismo paralímpico de su país natal.

Con 18 años disputaría sus primeros Juegos Paralímpicos, competidos en Atenas, Grecia; obteniendo una medalla de bronce y una de oro en la modalidad de 100 y 200 metros planos respectivamente. Cuatro años después, en Beijing, se sintió preparado para algo más; el competir en los Juegos con personas sin discapacidad era su objetivo, que se vio apagado mediante el fallo emitido por la IAAF (Asociación Internacional de Federaciones Atléticas), quienes argumentaban que el uso prótesis le darían un tipo de ventaja impidiéndole la participación en los Olímpicos.

Pistorius, resignado competería en los Paralímpicos logrando tres medallas de oro y rompiendo récords mundiales, logrando ratificar su poderío y dominio en la categoría. Llegó su momento de desquite, en Londres, cuatro años después, ya que se le permitiría competir con personas sin discapacidades, incluso con el descontento de muchos. Este hito le adjudicó ser el primer atleta con doble amputación en competir en una cita olímpica. Logró llegar hasta semifinales de la prueba individual de los 400 metros y llegó hasta la final de los 4×400 metros logrando un penúltimo puesto. Los resultados eran lo de menos, el mundo estaba impresionado por lo hecho por Pistorius.

Sin duda alguna, estaba en su mejor momento. También tenía una relación «estable» con Reeva  Steenkamp, bellísima modelo nacida en Ciudad del Cabo, Sudáfrica. El objetivo de esta pareja era aparecer en medios como una relación salida de un poema: perfecta. No se podía estar más equivocado, tal amorío era una farsa.

 Todo ello se vio evidenciado ante los ojos del mundo, en el amanecer de un 14 de febrero de 2013, paradójicamente el “Día de San Valentín”, cuando en la residencia de Pistorius y Steenkamp, ubicada en Pretoria, se escucharon gritos de auxilio de la modelo y, a continuación, cuatro disparos; después el que pidió auxilio fue Pistorius. Entre los vecinos se expandió la incertidumbre y el miedo.  Uno de ellos, quien vivía a no más de 100 metros, luego de oír el altercado, fue a la casa y en el momento de llegar a la escena, estaba Óscar arrodillado al lado del cuerpo de Steenkamp, el cual estaba tendido en un charco de sangre.

El atleta, quien estaba ofuscado, argumentaba haber confundido a su mujer con un ladrón, algo que, tiempo después, entraría en controversia por la cantidad de disparos y por el relato de los vecinos. Todo era confuso, lo único claro es que él había disparado en cuatro ocasiones en el baño de su casa a su novia.

Siguieron apareciendo pruebas que lo único que ratificaban es que Pistorius mintió en su declaración y fue el relato de una expareja del atleta. Esta era Samantha Taylor quien relató al Daily Mirror, haber sufrido un infierno en los 18 meses que estuvo con él, pues era posesivo, irritable y agresivo con ella. A veces la encerraba sin darle comida, la golpeaba o pellizcaba y la llevaba en el Porshe que tenía Pistorius a 320 km por hora solo para asustarla.

Días después se supo la verdad. Óscar Pistorius era un celoso maniático y por mensajes de Whatsapp del celular de su pareja, le empezó a golpear con un bate de cricket, objeto que, por forcejeo de ambos, se rompió. Reeva salió corriendo al baño, hecho que hizo que él agarrara su Smith & Wesson 500 y al ver que no le abría la puerta disparó tras la puerta en cuatro ocasiones, tres de esas  balas impactaron en el cuerpo de Reeva  Steenkamp.

La salud mental es un tema que los deportistas tienen que implementar en sus planes de entrenamiento tanto como la salud física. Pistorius, fue alguien que, de héroe y símbolo de superación, pasó a ser un villano feminicida.