Del muro físico a los muros invisibles

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La caída del muro de Berlín fue uno de los acontecimientos más significativos e importantes durante mucho tiempo. A raíz de este acontecimiento, el comunismo fue poco a poco más visible y relevante para todos, pues este promete y dice a la comunidad lo que quiere escuchar, pero no asegura que así será realmente. En principio, el comunismo se presenta como un proselitismo ideológico dispuesto a recurrir a la violencia con el fin de obtener el poder en las luchas y diferencias que se presenten en cada país.

En Europa, lo que generó conflicto entre ciertos países fueron las diferencias ideológicas que tenían entre sí, por tal razón, cuando el muro de Berlín cayó, se creía que sería el fin de esta problemática, y el fin de las ideologías comunistas. Pero en perspectiva, ese fue el detonante para dar comienzo a una disputa mayor. Asimismo se creía, para ese entonces, que los muros que existieran serían derribados, pero fue al contrario. Las auras se calmaron durante un tiempo. Hoy podemos decir que treinta años después, aquella esperanza no fue coronada con éxito, en lugar de no haber edificado más muros en el mundo, estos se fueron multiplicando de otra manera.

En primer lugar, es importante decir que desde hace muchos años estos muros se han construido, por diferentes razones, pero basados en el mismo contexto. Hoy en día se siguen levantando estos muros en varias partes del mundo. Algunos lo construyen para protegerse de personas externas, rodean un barrio para protegerlo o impedir que sus habitantes se vean influenciados por ideologías contrarias. Otros, por ejemplo, son los muro-fronteras entre los países que han estado en guerra, como por ejemplo la India y Pakistán, o como es el caso entre México y EE. UU; un muro fronterizo y aparte antiinmigrantes para evitar que supuestamente personas de países pobres accedan a países ricos para aumentar su sustento y mejorar su calidad de vida.

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Pese a que el Muro de Berlín cayó hace ya más de treinta años, en la actualidad todavía se pueden ver sus secuelas, pero no solo del muro, sino también del contexto dentro del cual se enmarcó, la Guerra Fría. El mundo se sigue viendo envuelto en guerras y disputas absurdas que siempre terminan por afectar en mayor proporción a quienes menos están involucrados. Disputas que hacen cada vez más grande el muro invisible que separa a los buenos de los malos, los ricos de los pobres, los blancos de los negros, el mundo accidental del oriental, la izquierda de la derecha (hablando políticamente), al hombre de los animales, la codicia de la humildad; podrían existir mil ejemplos más, incluso lo hay, pero el punto central de este texto es detenerse por un momento y pensar acerca del verdadero papel que tuvo el Muro de Berlin y el daño que este le hizo a la humanidad.

Una humanidad completamente dividida en la que prima el deseo por ser el más poderoso; la codicia y el orgullo son armas de doble filo que pueden terminar causando una herida tan profunda cuya cicatriz sea imborrable. Y es que a lo largo de la historia mundial estas armas han estado siempre presentes, y aunque se hayan hecho varios tratados de paz para superar los conflictos causados por estas, lo cierto es que nunca se han ido. 

Pero hay algo que supera al orgullo y a la codicia, el resentimiento o la sed de venganza. Resentimiento que ha crecido conforme han sucedido los grandes conflictos, sobre todo en los perdedores de estos. Resentimiento de perdedores que hace que cada conflicto sea más dañino que el anterior y también que impide ver los errores tan perjudiciales que se cometen. Errores que llegaron a costar vidas inocentes y que incluso lo siguen haciendo.

El Muro de Berlín, más que un acontecimiento histórico es el reflejo de la humanidad de la época, del ahora y muy seguramente del futuro. La humanidad fragmentada en torno a conflictos del pasado que han venido evolucionando hasta nuestros días y que a menudo se convierten en absurdos e ilógicos. Conflictos que hacen perder de vista las virtudes tan grandes que nos hacen ser humanos y que al fin y al cabo, hacen que todos seamos iguales.