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La depresión es una enfermedad que padecen una  300 millones de personas en todo el mundo y que es poco tratada por el tabú que representa acudir a un especialista en psiquiatría. El uso reiterado de las redes sociales no ha parado de crecer, acrecentándose especialmente entre los más jóvenes, como también en los adultos.

“La depresión es una enfermedad que puede ser grave y puede ser discapacitante para la persona que la padece, realmente dificulta mucho la vida diaria de las personas restándoles calidad de vida, su capacidad de relacionamiento y de autorrealizarse. No es una cuestión de fuerza de voluntad o de debilidad mental.”

“Es una enfermedad que tiene una base biológica genética que hace que algunos estén más predispuestos a desarrollarlo que otras”. Esta enfermedad se expresa debido a factores ambientales adversos, violencia, problemas económicos, problemas en las relaciones, de pareja, frustraciones y también por factores psicológicos.

También  afecta el estilo de personalidad, de cómo uno enfrenta los problemas en el día a día. Se trata de una patología compleja que no depende de la voluntad de las personas. En el Día Mundial de la Lucha Contra la Depresión, que se celebra hoy 13 de enero, los expertos alertan que el abuso reiterado de las redes sociales supone un peligro para los adolescentes, generando patologías tales como la depresión.

Hay que diferenciar la tristeza normal del día a día, de la tristeza que acompaña por largos periodos. Por ejemplo: todas las personas pueden sentir tristeza eventualmente porque no salió algo planeado, por pérdidas, por frustraciones, por peleas o algún problema en el cotidiano, ya que la tristeza es una emoción que siempre acompaña a la experiencia humana.

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Estar triste no equivale a estar deprimido. Cuando esa tristeza colorea nuestra vida; es decir, está presente en la mayor parte del día, casi todos los días, por lo menos por días de seguido y no podemos asociar esa tristeza a un evento determinado, sino que es una tristeza que nos embarga completamente.

Estamos tristes por todo y está acompañado de la incapacidad de sentir placer en cosas que previamente sí lo generaban, así como la falta de motivación para realizar las actividades diarias, ahí sí ya estamos hablando de un síndrome depresivo que requiere atención.

Los principales indicadores para detectar la depresión son: Observar cambios significativos a nivel conductual: si deja de salir con su grupo de amigos/as, acudir a actividades extraescolares, asistir a clase u otras actividades con las que disfrutaba.

El estado de ánimo de tristeza puede enmascararse o combinarse con la rabia en el caso de niños y adolescentes. Otras emociones acompañantes habituales son la culpa y la ansiedad.

A nivel cognitivo, es frecuente presentar dificultades para concentrarse, para recordar e incluso la toma de decisiones puede verse afectada.

También puede experimentar síntomas físicos como pérdida de energía, dificultades para dormir (o bien por exceso o bien por defecto), pérdida de apetito y/o quejas o dolores de cabeza, estómago, entre otros malestares corporales.

El género femenino cobra especial atención en este trastorno debido a que la prevalencia de depresión adolescente o adulta suele ser el doble que en los hombres.

Observar posibles expresiones y comentarios relacionados con el deseo de perder la vida, así como planificaciones e intentos previos de suicidios, que pueden solaparse con otros síntomas depresivos.