Hombres, los odio (Pt.1)

Pequeño disclaimer: odio a los hombres, pero los amo. Cualquier semejanza con tu realidad es pura coincidencia. Varón querido, si te duele es porque es verdad.  

Con dieciocho años, no pude comprender a Kat Stratford en 10 cosas que odio de ti. Rechazaba a Patrick Verona y odiaba a los varones con furia de la buena. Hoy estoy escribiendo esto, escuchando una playlist llamada “Odio a los hombres como lo hace Kat Stratford”.

Al pensar que Cortázar, Aristoteles o incluso el gran Foucault tenían el esquema de raciocinio que caracteriza al varón-macho, onvre, su epiteto de preferencia-me siento más cerca del suicidio que cuando realmente no tenía por qué vivir.

Como sea, hoy voy de puro empirismo. Nos embarcamos en un paseo por los tipos de hombre que odio.

Si después de leer esto alguien me dice “feminazi”, habré cumplido mi cometido. Abróchate el cinturón.

De más está decir que en casa las velas se le prenden a Judith Butler, y a veces a Valerie Solanas.

El jog

El tipo más detestado a nivel colectivo. En Argentina apuntamos a los jugadores de rugby, pero dado a que en tu país hay quizás otro deporte más jugado, voy a hablar del jog genérico, el deportista.

Vive para el fin de semana, y su cuerpo y todo gira en torno a su concentración de testosterona. Divide a las chicas entre las que le gustan, las feas, las gordas y las fáciles, etc.

El jog te va a convencer de que es capaz de bajarte la Luna, el Sol y todas las estrellas. Eso hasta que te lleva a la cama, después ya no está para compromisos, no se siente listo y otras excusas mediocres

Su celular está lleno de fotos de chicas desnudas, que le pertenecen y otras que sus amigos jogs recibieron y reenviaron en una clara muestra de que son monos con capacidad de raciocinio, pero monos, en fin.

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Responden a la manada siempre, incluso si eso significa golpear a una persona de a ocho, se ponen violentos cuando beben y se justifican siempre.

El jog te habla del valor que le enseñó el deporte y de la importancia del sentimiento de pertenencia, pero todos sabemos que lo único que aprendió es a perder su identidad individual con otros quince primates con camisa floreada.

La homofobia es moneda corriente. Si no bebes alcohol, sos “puto”, si no querés sumarte a sus dinámicas “sos re puto”, ni te cuento si realmente sos gay. Si sos lesbiana, más te vale ser una lesbiana que venda, sino prepárate para los comentarios de estos seres primitivos.

Ellos nunca utilizan condón. Ahora, si uno contrae una ITS seguro fue porque estuvo con “una mugrienta” … Chicos, los nenes bien, también pueden tener VIH.

Podría escribir una tesis doctoral sobre los jogs, pero mejor sigamos adelante.

“Todas mis ex novias están locas”

Si estás saliendo o conociendo a un varón y te dice esto, corre. Salga de ahí soldada. Cuántas veces escuchamos esta frase y nos apenamos de quien nos la contaba, pensando que veníamos a cambiar su suerte.

No hace falta que te diga cómo termina… ¿O sí?

Terminamos descubriendo que la pobre víctima de mujeres desalmadas, es en realidad un narcisista sociópata que destruye nuestra autoestima y el poco amor propio que juntamos con tanto esfuerzo. Con el fin de doblegarnos, juega la carta de víctima en cada ocasión que puede.

Los más peligrosos en mi opinión. Si todas sus ex novias eran “psicópatas”, el psicópata es él. Nadie tiene tan mala puntería.

Prepárate para que, al terminar, pases a formar parte de la cofradía que lo hirió de muerte en el discurso almidonado que la próxima desgraciada que salga con él escuchará.

El “poliamoroso” old school

Por old school me refiero al poliamoroso que no tiene el consentimiento explícito de su par-básicamente el infiel. Él te va a jurar que está en crisis con su pareja, que está a punto de separarse o divorciarse y que ya no ama a su conviviente.

Sin embargo, se queda con ella porque “no quiere lastimar su salud mental” o alguna conveniencia totalmente estúpida, pero que, en nuestra necesidad, elegimos creer. Una es tonta, qué decirte.

Mirá, la realidad probablemente sea que está “en crisis” desde el día que comenzó el vínculo, y eso es prueba científica de que te va a pasar lo mismo que a su pareja, porque aparentemente el varón, en cuestión, no puede dejarse los pantalones puestos hasta llegar a casa. Cualquier parecido con un poodle en celo es pura coincidencia… o no.

Amiga ponte arrecha y salí a tomar un trago sola, disfrutá tu propia compañía, que el hombre comprometido nunca va a dejar a su pareja. No vale ni la bala, cielo.

El revolucionario millennial

Él descubrió el sentido de la vida y descifró el esquema de control de esta sociedad, sabe que nos vigilan y que el sistema nos quiere obedientes.

No trabaja, porque quiere dedicarse a lo suyo y disfrutar la vida, obvio a costa del dinero de papá. No se va a casar porque el matrimonio es un aparato represivo, claramente, cómo no vas a saber eso.

Él es el iluminado antisistema, el mesías de los hippies con prepaga médica. No como vos, pobre mortal, y aprovechará cada ocasión para resaltarte que sos un engranaje ingenuo en esta maquinaria sistémica de poder y que nunca vas a encontrar la luz a no ser que él te guíe en un viaje astral después de un porro.

Sí, adivinaste, un hijo sano del sistema que jamás saldrá de su triste burbuja de mediocridad millennial.

Por supuesto ,nuestro varón anti sistema nunca agarró un libro. De hacerlo sabría que Foucault habló de esto desde el siglo XX. Mi vida, varón revolucionario, abrí Google y buscá “biopolítica”, “vigilancia líquida” y emprendé el bello viaje a dejar de ser un falso profeta. O busca trabajo, importantísimo eso.

“Igual ni eras tan linda”

Quizás mi parada favorita de este triste tour. El varón, en cuestión, te agregará en alguna red social y procederá a bombardearte con todo tipo de mensajes, siendo la siguiente su transición del amor al odio:

“Hola, hola hermosa, hola, qué linda sos, contesta p***, hola contesta, hola cómo estás, …al final ni eras tan linda, tenés la nariz horrible y sos una gorda asquerosa.”

Ante la imposibilidad de llegar a tu corazón o a tus calzones en su defecto, el varón entenderá que es culpa tuya no sentirte cómoda con su bombardeo constante de mensajes y que sos una mala persona porque no te atrae él, que es un tipazo.

Nunca se le va a cruzar por la cabeza que se comporta como un cerdo machista, que no te atrae por una lógica cuestión de gustos o que te cansaste de su acoso. No, no, no, es tu culpa por rechazar semejante partidazo reina, suerte encontrando otro que te ame.

Otra semejanza con el poodle que no recibe atención y ladra como un desquiciado, un varón al que, si no le das amor, se pierde.

En la próxima entrega, exploraremos otros tipos de varones que odio. Hasta entonces, sé la “gorda horrible”, la “ingnorante del sistema” y la “psicópata” que hirió a un pobre varón víctima del destino. Te ves hermosa cuando lo haces reina.