La tierra del puma

El área de distribución original del puma de Florida, clasificado como una subespecie de puma, era la mayor parte del sudeste de Estados Unidos. Pero la caza indiscriminada, restringió su territorio solo a Florida.

El biólogo Brian Kelly, afirma que con el consiguiente riesgo de endogamia, esta especie de felinos “llegó a estar al borde de la extinción». A mediados de los años noventa, los científicos realizaron un plan de rescate sin precedentes, contrataron al texano Roy McBride, a quien le entregaron ocho de estos felinos.

La llamada inyección de diversidad genética, fue un punto de inflexión, pues solo se criaron cinco de estos felinos, lo que permitió que la población empezara a aumentar lentamente.

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Hoy suman alrededor de 200 felinos, sin embargo, la tierra del puma se ve ensombrecida por un abanico de amenazas, entre ellas los atropellos y las disputas territoriales.

Este desarrollo urbano hace del renacimiento de este felino un riesgo por sobrevivir, pues al ver afectada su hábitat se desplazan hacia otras zonas. Kelly asegura que la “expansión hacia el norte es imprescindible para su supervivencia a largo plazo”.

Por otro lado, la bióloga especialista en fauna salvaje Jennifer Korn, asegura que a diferencia de los machos “las hembras no se alejan demasiado del territorio de su madre”. Este hito reduce una importante limitación para la expansión.

Aunque la mayoría de los floridanos nunca ven rastros de estos, el puma, apodado el «padre del bosque», depende de pantanos, bosques y llanuras. Esto, debido a que un solo ejemplar puede necesitar 500 kilómetros cuadrados para cazar y merodear, sin embargo, muchos de estos lugares pueden sucumbir a las ciudades con el paso del tiempo.