M. Siccha: “dar trabajo a personas trans es nuestra voluntad política»

En septiembre de 2020, la Municipalidad de Lima Metropolitana marcó un hito contra la discriminación laboral hacia las personas trans. Scarlet Salas se convirtió en la primera mujer transgénero en ser contratada por un municipio en Perú gracias a la iniciativa de inserción laboral inclusiva del regidor Manuel Siccha.

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El concejal metropolitano de Acción Popular promovió este proyecto para empezar a abrir las puertas a una población estigmatizada y marginada. Tras cumplirse el primer año desde su lanzamiento, Siccha cuenta cómo se planificó la idea, cómo ha sido ejecutada y cuáles son las tareas pendientes.

¿Cómo empieza a planificarse esta iniciativa en el Concejo?

Todo parte desde la época de Susana Villarán. Se avanzó un poco porque allí se insertaron algunas personas gays o lesbianas, sin embargo trans no. El argumento que dijeron los gerentes en ese momento era que cuando las querían convocar, no tenían los requisitos que pedían. Sin embargo, yo toda mi vida he trabajado en el Estado y esa justificación me pareció insuficiente. En el Estado, hay muchos perfiles de trabajo donde no requieren, por ejemplo, haber terminado la secundaria, como la mano de obra no calificada.

Esta vez, cuando propusiste la idea, ¿te encontraste con los mismos argumentos?

No hubo un debate como ese porque le aclaré a las áreas cuáles eran las vacantes que estábamos considerando desde un principio. Pedíamos que si tenían puestos laborales donde pudieran trabajar personas trans, ¿por qué no incluirlas? No lo estábamos planteando como algo que sí o sí tenían que cumplir. Además, tampoco propusimos vacantes con preparación profesional porque sabemos que la educación superior es algo a lo que no pueden acceder.

En ese caso, ¿por qué la propuesta sí tuvo aceptación en 2020 y no antes?

Yo creo que la posibilidad de tener una autoridad visiblemente LGBT que constantemente esté debatiendo la agenda. Creo que eso ha hecho que las gerencias se puedan sumar al igual que la voluntad política del alcalde, porque esto no fuera posible si la gestión no lo autoriza.

¿Cuánto tiempo tomó concretar la idea?

Pasaron tres meses desde que comencé a conversar con el concejo. Estábamos viendo cómo explorar el tema porque había que tomarlo con muchas pinzas. Nunca había contratado a una persona trans y el ambiente tampoco estaba preparado. Entonces, si pones allí a unas personas trans, lo más probables que sea objeto de burla o violencia. Así que lo primero que hicimos fue sensibilizar y capacitar al personal para saber cómo tratarlas. Y eso debe continuar porque el personal va y viene.

¿Cómo fue el proceso de reclutamiento?

Las chicas empezaron en Trabaja Perú. Es un programa del Estado donde las municipalidades lanzan convocatorias a los vecinos (para mantenimiento, limpieza, pintado de la vía pública). Los requisitos solo son ser mayor 18 años, no ser población de riesgo y estar desempleados. Aquí, empezaron a trabajar diez chicas trans durante 45 días con sueldo mínimo. En septiembre, ingresa como limpiadora de oficina de SERPAR la primera mujer trans. En los meses siguientes, continuaron ingresando más chicas.

Mencionaste que primero tuvieron que sensibilizar al personal, ¿les ha funcionado?

Hasta la fecha, no ha habido problemas de discriminación con sus compañeros de trabajo. Pero sí hay problemas cuando interactúan con personas de otras áreas. Cuando no tienen personas trans en sus sectores, sí las miran mal o les mandan indirectas. En esos casos, hablamos con ambas gerencias y se llega a una solución.

La campaña de medios para anunciar la contratación de mujeres transgénero fue hecha tres meses después de su realización. Y es que, según Siccha, debía asegurarse de que iba a hacer una medida que iba a mantenerse y no “solo para la foto”. A día de hoy, ocho de las diez chicas continúan trabajando para la Municipalidad de Lima.

¿Qué tarea pendiente tienen al respecto?

En estos momentos, la inclusión laboral de personas trans solo es voluntad política de la Municipalidad de Lima, no existe ley que la haga obligatoria. Por eso, en diciembre del año pasado presentamos el proyecto de ordenanza sobre el cupo laboral trans para que el municipio se obligue a tener dentro de su planilla a un 1% de personas trans trabajando. Aunque ya lo cumple voluntariamente, esperamos que se debata a fines de este año para que perdure institucionalmente en el tiempo.

Todo esto está pasando a nivel municipal, ¿cuánto falta para que suceda a nivel nacional?

Al menos, las autoridades de Lima Metropolitana están sensibilizadas con el tema de las personas trans porque las han visto, yo les hablo de ellas, trabajan con ellas. Pero a gran escala, en el Congreso todavía se desconoce lo que es una persona trans. Hay que sensibilizar en ese aspecto. Ahora se está poniendo en agenda el proyecto de ley de identidad de género, el primero en materia de derechos trans, para la cual aún hay oposiciones y tergiversaciones respecto a lo que se busca con esta ley.

¿Cómo se beneficia laboralmente la comunidad trans con esa norma?

Permitiría que las personas se cambien el nombre en el DNI y les den ciudadanía, porque ahora o no tienen DNI o no quieren sacarlo. El nombre que figura allí termina siendo violentista porque no es con el que se identifican. Las compañeras que hoy trabajan con nosotros, los documentos que firman lo hacen con su nombre social, salvo el contrato porque no se puede. Después, todos las llaman por su nombre social, como dice su carnet.

Por ahora, solo aplican a puestos de mano de obra no calificada, ¿ves lejano que puedan hacer lo propio con puestos profesionales?

Allí hay una deuda social del Estado y la sociedad con las personas trans. En el caso de las mujeres, no suelen terminar el colegio porque son expulsadas de sus hogares cuando manifestado su identidad de género. Ahí hay un tema de deserción escolar que termina significando no poder aspirar a un cargo técnico. Hay situaciones aisladas, pero son muy pocas, por lo cual el gobierno debe reducir esa brecha. Solo allí, habría oportunidad de aspirar a puestos más allá que mano de obra no calificada.