Memorias de Malvinas

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La guerra de Malvinas fue un conflicto bélico que enfrentó Argentina y Reino Unido en el año 1982.

En el mismo se disputó la soberanía de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur, ubicadas en el Atlántico Sur, usurpadas por el Reino Unido durante aproximadamente 150 años.

Es uno de los sucesos más difíciles y complejos de asimilar, pero es importante recordar y rendir homenaje a quienes fueron nuestros héroes y qué mejor que contar la historia a través de sus protagonistas.

Es por eso que muy amablemente los veteranos de guerra Oscar Walter Méndez y Víctor Goyochea, me brindaron su testimonio y experiencia sobre cómo vivieron el conflicto armado.

Oscar Méndez es mendocino y actualmente tiene 59 años. Cuando lo llamaron para ir a Malvinas tenía tan solo 20 años, y era cabo de ingenieros.


Cabo Oscar Walter Mendez
Veterano de Malvinas. 1982
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En 1982, se encontraba en Campo de Mayo, en la localidad de San Miguel -en Buenos Aires- instruyendo a la clase 63. Cuando le pregunté si sabía sobre Malvinas me dijo que no, que desconocían, pero ese 2 de abril cuando las Fuerzas Armadas Argentinas, mediante el operativo denominado Independencia recuperaron las Islas, quedaron acuartelados y empezaron con el completamiento de equipo haciendo un entrenamiento e instrucción de campos minados. A él le habían asignado soldados a quienes tuvo que enseñar sobre campos minados, armas, ya que como eran recién llegados, desconocían todo el tema relacionado a ello.

“Durante 1 semana nosotros estuvimos preparando (con actividades de completamiento de equipos, campos minados y tiros) hasta el día 8 que nosotros nos fuimos desplazando a Malvinas en vuelos de Aerolíneas argentinas”, agregó.

A pesar de la situación que se estaba viviendo, ellos nunca perdieron el entusiasmo, el valor. Aún con la incertidumbre de no saber qué pasaría o cómo se daría todo, ellos se sentían bien y trataban de transmitir ese entusiasmo a sus soldados.

Luego de volar de El Palomar a Comodoro Rivadavia, partieron rumbo a Malvinas. Era de noche aún, por lo tanto, todo estaba demasiado oscuro. Con el pasar de las horas, comenzaron a descubrir lo que eran las Islas.

“Caminamos hasta nuestro lugar donde íbamos a estar emplazados, donde íbamos a estar haciendo nuestras posiciones. Era un movimiento bélico impresionante, traslado de helicópteros, vehículos e instalaciones de campos minados, después vimos cómo se trasladaba la artillería en helicópteros de un lugar para otro y eso es realmente impactante”

Víctor Goyochea tiene 58 años y es de Jujuy, aunque actualmente está viviendo en la localidad de Toay en la provincia de La Pampa.

Él también tenía tan solo 20 años cuando fue a Malvinas y era cabo.

Entró al Servicio Militar en 1980. En diciembre de 1981 se recibió de cabo de infantería y fue destinado al regimiento 7. En 1982 conoció a los soldados a quienes debía instruir y allí, a todos, los sorprendieron el 2 de abril: en una incursión de tiro, los juntaron y les comunicaron que tenían que ir a Malvinas.

“No sabíamos nada. El 3 de abril volvimos a la unidad en La Plata, en el regimiento 7. Llegamos a la madrugada y allí estaba todo iluminado, no entendimos que pasaba, de ahí nos asignaron los soldados y reorganizaron todo. Cuando nos reincorporamos a mi me asignan el área de exploración y como jefe me dieron 8 soldados. Tuvimos 2 días entre que entregaban equipo, hasta que en un momento todo estaba listo y nos llevaron al Palomar, y ahí amanecimos, embarcamos en el avión, uno comercial, hueco con túnel de aluminio. Lo único que llevaba era la ropa y el fusil. Lo más pesado iba en la bóveda del avión. Entramos, nos sentamos en el piso y salió el avión a Gallegos. Allí estaba el aeropuerto que estaba dividido en 2 partes, en la parte militar pernoctamos 2 días y luego nos llevaron en un avión más chico hacia Malvinas. Amanecimos ahí, no se veía nada, lloviznaba y hacía frío, nada que ver con lo que había en el continente. Nos bajaron y nos sacaron del aeropuerto y nos dijeron que esa noche la pasaríamos allí. Al otro día nos hicieron preparar el equipo otra vez y nos empezaron a distribuir. El equipo seguía siendo el mismo. Misma ropa, con poco de abrigo«


Colección de revistas y libros del señor Víctor Goyochea sobre la guerra de Malvinas

Tanto el señor Méndez como el señor Goyochea coincidieron en que el clima de Malvinas es húmedo, donde había mucho viento y hacía mucho frío. La misma está compuesta por pastos chatos, donde predominaba la llamada turba lo que provocaba que cuando la marea subía, se humedecía mucho más.

Una de las carencias que más sufrieron fue el frío y el hambre. Así lo contó Oscar Méndez: “Yo quiero que lo ubiquemos en contexto de guerra, vos haces lo que podes y lo que el enemigo te deja hacer. Pasas carencias, no descansas bien, pasas frío, estás en una posición todo un día y muchas veces no llegaba el camión con la comida caliente, por la situación. Pero no porque no hubiera comida, sino porque no se podía distribuir. Esa era la realidad. Ahora, cuando había un día que se podía, se cocinaba y te dejaban la comida caliente pero no era siempre, sobre todo a fines de mayo, principio de junio»

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Por otro lado, Víctor Goyochea dijo que lo que más sufrió fue el frío.

«No estábamos acostumbrados. La ropa no era la apropiada. Tendría que haber sido más térmica y que no se pasara la humedad. . Con la ropa que nos dieron se pasaba. Tampoco había forma de obtener otra ropa. Y hambre no se pasó. Uno está acostumbrado a comer todo el día. No es cierto que nos moríamos de hambre, en la guerra es distinto. Al estar en una isla había un bloqueo, estabas aislado, si los aviones entraban era por mucha suerte, y la gente no distribuía la comida y la racionaban. Entonces en vez de darnos 2 comidas diarias, era 1. Si nos daban 2 panes, había que guardar y racionar. A la mañana desayuno, el almuerzo y en la noche la cena. Se comía 3 veces al día, tampoco era abundante, pero había. Los que estaban en el pueblo comían más a gusto, los que estaban en primera línea sufrían más, porque la comida de la cocina hasta la primera distribución, había mucha distancia y no se conservaba el calor. Era en distintos puestos. No te dejaba el tiempo, el clima, no es que no se quería«


Maqueta “El día que los ingleses se rindieron ante los argentinos” del Señor Goyochea

En ese momento los medios de comunicación fueron fuente de confusión y tergiversación de información. A la hora de preguntarles si escuchaban algún medio que hablara sobre la guerra, me dijeron que no.

“Yo me acuerdo que había una radio chiquita que teníamos, escuchábamos una radio uruguaya que era la que pasaba algunas noticias, pero se escuchaba muy poco. Nos manejábamos todo con información oficial. No teníamos forma de saber nada, estábamos todos en nuestras posiciones. Cuando la situación lo permitía, uno del grupo tenía una radio y nos poníamos a escuchar. Algunas cosas eran creíbles y otras no”, manifestó Oscar Méndez.

Por otro lado, Víctor Goyochea dejó en claro que no escuchaba, ni sabía nada al respecto porque no había forma de comunicación

con nadie.

“Los que estaban en el pueblo podían escuchar radio. Cada 2 días nos juntaban en grupo, para irse a bañar al pueblo donde pernoctaban y el acceso a la televisión era solo para mirar películas o dibujos animados. El único medio de comunicación era ese. No había facilidad de comunicaciones»

Uno de los momentos más impactantes que dejó la guerra de Malvinas fue el hundimiento del ARA General Belgrano.

El 2 de mayo de 1982, a las 4 de la tarde, dos torpedos lanzados desde el submarino HMS “Conqueror” impactaron en el crucero.

Minutos después se hundió en las aguas del Atlántico Sur con 323 tripulantes. Otros 770 lograron llegar a las balsas y regresar al continente.

“El 2 o 3 de mayo nos reunieron y nos comentaron del Belgrano, que nosotros dentro de la parte táctica lo considerábamos un elemento fundamental, nosotros lo sentimos como una pérdida muy valorable. Conocíamos de las virtudes del Belgrano y además nos afectó saber, pero no podíamos tomar dimensión de lo que sucedía. Después cuando uno ve las imágenes de los que murieron, los que se pudieron salvar, ahí recién caes”, contó Oscar.

Como en todo enfrentamiento bélico y a tan temprana edad tener que vivir un acontecimiento de esa índole, quedan de por vida marcadas en la mente y en el corazón, instantes o momentos vividos allí. Cuando les pregunté sobre esto, Oscar me dijo que para él los acontecimientos que más lo marcaron fue el primero de mayo y la rendición.

«Yo creo que el golpe fuerte fue el del primero de mayo, un impacto bastante grande. De una cosa que desconocía totalmente: los ruidos, las luces, los gritos pidiendo auxilio, todo eso fue impactante. Fue terrible. Y luego la rendición, el dolor de todo lo que se había realizado. Perdimos. Te queda la tranquilidad de haber dado todo, pero fue muy doloroso. Ese momento del 14, nosotros pensábamos que ganábamos, fue una cosa muy intensa y para no tener más pérdidas de vidas inútiles, porque nosotros no podíamos sacar la cabeza de la posición para tirar, caían las municiones y no nos podíamos defender, ahí nos dimos cuenta que habíamos perdido. Fue muy doloroso”

Para Víctor, la noche más trágica fue la del 13 y 14 de junio.

“Fue el combate real que tuvimos. Estaba formando segunda, retrocedió hasta la posición de nuevo, toda la noche estuvo así, fue terrible. La noche se volvió día. Bengalas, fuegos de artillería. Fue lo más terrible que vi. Sacar a mi soldado de un fuego cruzado. Como yo era cabo, tenía que sacar a los soldados de ahí y tenía que volver con ellos«

El 14 de junio fue la caída de Puerto Argentino, por lo tanto, la rendición. De diferentes maneras, pero en el mismo suceso, ambos se enteran de que ya tenían que volver, que ya todo había terminado.

“Nosotros quedamos prisioneros. Estuvimos encerrados en un frigorífico. Ahí pasamos la noche, al otro día ya custodiados por ingleses caminábamos desde la puerta de Puerto Argentino hasta el aeropuerto y en el medio había puestos de control. Solamente quedábamos con el abrigo, dejamos ahí la munición, el armamento, estuvimos en la zona del aeropuerto, custodiados por helicópteros. Había miles y miles de prisioneros. Ahí estuvimos 1 semana, esa noche nos ordenan iniciar la marcha hasta Puerto Argentino. Ahí llegamos en la noche y nos alojaron en uno de esos galpones, al otro día ya pasado el mediodía del 20 de junio nos sacaron a todos de ahí. Vamos a la zona del muelle, nos hacen una revisación, vamos a unas barcazas, subimos y de ahí nos llevan mar adentro. Estaba el Buque Almirante Irízar, ahí subimos y regresamos al continente. Llegamos a Ushuaia primero y después a Puerto Madryn. Todas eran órdenes precisas en el momento. Era una incertidumbre total, como cuando sos prisionero»

Algo similar le sucedió a Víctor.

“Dos días estuvimos encerrados en un galpón. Al segundo día nos dijeron que entregáramos las armas. El día 14/15, estuvimos en el puerto y de ahí nos subieron a una barcaza que nos llevó. Después de la barcaza nos subieron al buque Camberra, requisado por los británicos. Era un buque turístico, tenía camarote. Perdimos la noción del tiempo ahí. Todo venía cerrado y no se podía ver nada. El último día nos sacaron y se notaba la costa de Puerto Madryn, donde desembarcamos. Del puerto nos llevaron al pueblo con los camiones del ejército. Y de ahí sale el famoso dicho “El día que Madryn se quedó sin pan”, porque llegaron y con el hambre que tenían se comieron todo. La gente les daba de comer, pedían pan y se los daban. El único pueblo que nos recibió con los brazos abiertos fue Madryn, el resto no. De ahí estuvimos un día o dos y volvimos en aviones con asientos. Fuimos al Palomar, de ahí a Campo de Mayo, nos tuvieron 3 días encerrados, sin comunicación con nadie, después de ahí nos dijeron que se iban a La Plata, en la unidad. Cuando llegamos allá estaba la gente desesperada con los familiares. Yo no tenía a nadie, fui a mi pieza y me quedé ahí. El resto de la gente se fue. Yo esperaba órdenes«


Propiedad de Víctor Goyochea

Los años posteriores a Malvinas…

“Es peor incluso que la guerra”. Así describió el jujeño todo lo que sucedió después del conflicto armado.

“Fue lo peor porque en la unidad donde estaba, te trataban de loco, te menospreciaban los mismos oficiales, te exigían algo que ellos no vieron. Nos decían «ustedes perdieron por esto» pero si ellos no estuvieron no pueden hablar. Se armó un tema muy grande con eso. Me mandaron a Jujuy para tranquilizarme. Nosotros éramos como la manzana podrida, y si nos mandaban a otro lado, hablábamos y nos decían que no. Nos tuvieron tanto tiempo ahí que nos mandaron a la residencia de origen para que nos calmáramos un poco. Igual te veían mal, como un loco. Trataba de comerme eso porque era malo hasta que pasó el tiempo y la misma sociedad se dio cuenta y empezó a reconocer y salir, y pude sacar todo lo que tenía adentro. Contar qué es lo que pasó y contar mi verdad o mostrarla«

A Oscar Méndez su consciencia no le jugó una mala pasada y pudo, con el tiempo, retomar su vida, su carrera. Formó una familia, tiene hijos y nietos. Y destacó el apoyo que recibió de ellos que fue fundamental para seguir adelante.

“El estrés postraumático existe y he visitado amigos que han sufrido eso. Hay mucha gente que le cuesta salir de eso, sus sueños son traumáticos, no duermen bien, sueñan con eso. Hay más soldados muertos post guerra que los que murieron en la guerra, producto de eso, de la depresión, el suicidio. Porque no logran superar, es un camino que vas, te acostumbras y después haces la inversa y mucha gente no puede regresar. Yo creo que las Fuerzas Armadas fallaron en eso. En ese sentido fue una falencia y falta de preparación. El apoyo no fue en ese momento, no fue preventivo. Fue después, cuando empezaron a salir los problemas. En ese momento cuando regresamos, no fuimos tratados como soldados que volvíamos de una guerra«

Una pregunta que me pareció muy importante hacer es si han vuelto a ir a las Islas o si al menos les gustaría regresar. Ambos me respondieron que no volvieron, pero que les encantaría.

Oscar Méndez, visiblemente emocionado, conmovido por sus recuerdos, por sus memorias y sus vivencias dijo que a Malvinas quiere regresar, pero no mientras tenga que pedir una visa para ingresar a parte de su propio país.

“Yo quiero entrar como argentino, no consigo entender que para ir a un territorio argentino tengo que ir a sacar visa. Me encantaría recorrer Malvinas, recorrer los lugares donde he estado, las tumbas, porque nosotros los veteranos de guerra tuvimos la suerte de volver, pero otros no, y tenemos la responsabilidad de rendir permanentemente honor a nuestros caídos, a nuestros soldados que quedaron en Malvinas«

Aún con el paso del tiempo, Malvinas sigue vigente y está presente en el corazón de todos los argentinos. Los que fueron a representar a nuestro país lo hicieron con honor, valentía y patriotismo, y por eso estaremos agradecidos toda la vida. Como dijo Oscar Méndez, flamante veterano de Malvinas, “los chicos de la guerra”, como erróneamente los llamaron durante tanto tiempo, fueron unos leones.

“No tenían la instrucción que yo tenía, pero los veía y era asombroso y valorable el esfuerzo que ellos tenían, eran leones combatiendo. La causa fue noble, patriótica, de mucho valor para nosotros«

“Duele más la indiferencia de tu gente/Que la bala más voraz del enemigo/Hubo menos héroes muertos en el frente/Que en el campo de batalla del olvido» estrofa tomada de la canción «Héroes de Malvinas» (Ciro y los Persas)

Gracias por ser parte de nuestra historia que quedará por siempre guardada en la memoria y en los corazones de los argentinos.


Oscar Walter Mendez, veterano de guerra de Malvinas

Un especial agradecimiento para nuestros héroes veteranos de Malvinas, Oscar Walter Méndez y Víctor Goyochea, por brindarme estos fascinantes testimonios.