Las pandemias que vendrán: degradación ambiental y enfermedades zoonóticas

La actual pandemia de COVID-19 ha cambiando de forma radical nuestro estilo de vida. Nos hemos adaptado a la fuerza a vivir en confinamientos intermitentes, trabajo en modalidad home office y encuentros con nuestros afectos vía videollamadas. A pesar de todo lo anhelado seguimos sosteniendo un modelo que nos llevará a nuevas pandemias. Los estudios más recientes refuerzan a cada paso con mayor fuerza la estrecha correlación entre la degradación ambiental que causa enfermedades de origen zoonótico y los brotes que generan pandemias.

Enfermedades zoonóticas: una preocupación mundial

Las enfermedades zoonóticas son aquellas que se transmiten de animales silvestres o domésticos a los seres humanos. La clase actual de coronavirus contra la que estamos batallando es sólo el ejemplo más mencionado. En los últimos tiempos nos hemos encontrado con un alarmante número de brotes de esta condición. Este mismo mes despertábamos con la noticia de un nuevo brote de la cepa H5N8 de influenza aviaria en China. A finales del año pasado nos conmovíamos con las impactantes imágenes del sacrificio de cerdos para evitar un brote de gripe porcina.

El incremento de esta clase de patologías se ha convertido en una preocupación a nivel mundial. Recientes investigaciones llevadas a cabo por la organización World Wildlife Found (WWF) señalan que «tres de cada cuatro nuevas enfermedades infecciosas son zoonóticas». Por otra parte, «una nueva enfermedad infecciosa surge en promedio cada cuatro meses». La reconocida organización ambientalista reconoce como la principal causa de este inquietante aumento a las actividades humanas que dañan los entornos naturales

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) también se ha pronunciado en relación a esta temática. Con el objetivo de analizar en profundidad el surgimiento y la propagación de enfermedades zoonóticas, la ONU constituyó un panel de expertos en la materia. El organismo trabajará siguiendo los lineamientos de la filosofía «One Health». Este enfoque propone una visión interdisciplinaria de la salud. En este sentido, se reconocen las relaciones diversas entre la salud de las personas, los animales y el medio ambiente. El plantel de científicos velará por el desarrollo de estrategias que busquen consolidar la salud planetaria y humana. De acuerdo con estos planteos, no existe salud humana posible sin un medio ambiente también sano.

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Numerosos grupos de investigadores y ambientalistas han advertido que los cambios repentinos en los ambientes naturales son las principales causas de la alta propagación de las enfermedades zoonóticas. Entre el abanico de actividades humanas que dañan al medio ambiente, dos destacan debido a su potencial de generar nuevas pandemias: la tala de bosques y el tráfico de fauna silvestre.

La deforestación: el comienzo

La deforestación es una de las principales actividades que corroen los entornos naturales. La explotación indiscriminada en áreas de rica biodiversidad, como bosques, tiene como consecuencia transformaciones relevantes en los ecosistemas naturales. En este sentido, se extiende de manera cada vez más profunda la barrera agrícola y urbana que toma a la fuerza sectores naturales. Esta destrucción en pos de emprendimientos de índole inmobiliaria y agrícolas/ganaderos se realiza sin ninguna clase de medición del impacto ambiental. Las preocupaciones de estos sectores lejos se encuentran del daño ocasionado a la biodiversidad, concentrándose exclusivamente en el rédito económico.

Ni siquiera los nocivos efectos de la pandemia han logrado disuadir a los grandes empresarios acerca de la necesidad de un cambio en sus modelos productivos. Incluso cuando creíamos que todo estaba en pausa, la tala indiscriminada de bosques continúo. En el 2020 la deforestación mantuvo sus estándares habituales según los datos publicados en la plataforma Global Forest Watch.

Lo que para muchos tan solo son pedazos de tierra, listos para ser explotados, constituyen en realidad el hogar de numerosas especies silvestres. Como consecuencia de las medidas mencionadas se producen abundantes intercambios entre humanos y fauna silvestre. Estas interacciones suceden tanto por la intromisión del hombre en áreas naturales como también, por la llegada de animales silvestres a centros urbanos como consecuencia de la destrucción de sus hábitats naturales. De esta manera queda evidenciado como la pérdida de la biodiversidad constituye un factor clave en la propagación de enfermedades zoonóticas.

Venta y tráfico de fauna silvestre: la propagación

Por otra parte, la venta y el tráfico ilegal de animales silvestres constituyen las principales actividades que permiten la propagación exponencial de las enfermedades zoonóticas. En este entramado los mercados húmedos o wet markets de venta de animales son un factor de peligro constante. Tolerados en ciertas partes del mundo o actuando de manera ilegal en otras conforman una bomba de tiempo. Los animales silvestres son mantenidos en cautiverio en condiciones de grave hacinamiento. No solo se maximizan las posibilidades de contacto entre humanos y la vida silvestre, sino también entre las mismas especies animales. Las imágenes y videos de este tipo de mercados que recorren la red ocasionan escalofríos. Podemos observar numerosas especies de animales retenidas sin ningún cuidado, encerradas en precarias jaulas. La fauna silvestre es robada de sus ecosistemas con el objetivo de ser vendida para consumo humano o como animales «domésticos».

Las deficientes o nulas condiciones de higiene posibilitan la aparición y transmisión de agentes patógenos a ritmos acelerados. Las consecuencias devastadoras del COVID-19 llevaron a algunos Gobiernos a tomar medidas en relación a los mercados en los que se vende fauna silvestre. Es ejemplo el caso de Tailandia, en donde nació la campaña titulada «Detengan las enfermedades y las extinciones: nunca coman, compren, cacen o vendan vida silvestre».

Cabe destacar que los brotes de enfermedades zoonóticas no han surgido exclusivamente a raíz del tráfico y consumo de vida silvestre, sino también en relación al consumo de animales que socialmente se encuentra avalado. Podemos mencionar brotes como la enfermedad «de la vaca loca», la gripe aviar y la fiebre porcina.

El camino a seguir

Nos encontramos ante un panorama complicado. Un presente en el cual los modelos productivos a nivel mundial siguen basándose en la creencia de un crecimiento ilimitado en un planeta con recursos limitados. El extractivismo, las prácticas de ganadería y agricultura intensiva, el rédito económico por sobre todo siguen siendo la norma. Sin embargo, esta filosofía de vida nos está llevando al borde del colapso ecológico.

Debemos comprender que no nos encontramos por encima de la naturaleza, sino que formamos parte de ella. Al dañar cada vez más al ambiente nos estamos produciendo un daño a nosotros mismos. Cuidar la asombrosa biodiversidad de nuestro planeta es una tarea que implica nuestro propio cuidado.

Es menester cambiar nuestros estilos de vida individuales y colectivos de forma urgente para lograr transformar la posición en la que hoy nos encontramos. Necesitamos construir nuevas formas productivas que nos permitan la convivencia en armonía con el ambiente y el resto de las especies. Debemos modificar nuestros modelos de alimentación y virar hacia esquemas que permitan la sustentabilidad.

La pandemia de COVID-19 fue el primer gran llamado de atención que la naturaleza nos está dando. Depende de nosotros y, sobre todo, de nuestros Gobiernos que este sea el último. Si seguimos por este peligroso camino nuestra propia existencia es la que se verá fatalmente amenazada. Un medio ambiente sano constituye una humanidad sana.