Pistolas que se disparan solas

El día 17 de noviembre, la policía de la ciudad de Buenos Aires disparó contra Lucas González y sus amigos, quienes salían de un entrenamiento de fútbol. A Lucas lo abatieron. Falleció el día siguiente por una muerte cerebral, tan solo 17 años y varios sueños por delante. El detalle de este terrible hecho fue que los efectivos estaban vestidos de civil en un auto que no era oficial, y se creyeron tan impunes que comenzaron a disparar, resguardándose en que se sintieron amenazados porque “SUPONÍAN” que los chicos podían tener armas o drogas.

Hace menos de dos semanas, otro caso de gatillo fácil. Fue en Corrientes. Allí la policía acorraló a Lautaro Rosé, un chico de 18 años, y lo dejó morir tras una razzia. Hace un año la historia era de Facundo Castro, un joven de 22 años, que desapareció un 30 de abril luego de que la policía lo detuviera en la ciudad de Mayor Buratovich en la Provincia de Buenos Aires por circular durante la cuarentena. En septiembre de ese año, se confirmó que los restos encontrados en un cangrejal en la zona de Villarino viejo pertenecían a Facundo. La querella denunció irregularidades en la investigación judicial y afirmó que hubo contradicciones e inconsistencias en los relatos de los agentes de la policía de la provincia de Buenos Aires vinculados al caso.

La historia se repetía 20 años atrás, cuando la policía asesinó a Claudio Hugo Lepratti quien trabajaba como auxiliar de cocina en el comedor de la escuela número 756 “José M. Serrano” del barrio Las Flores en Rosario. Varios policías comenzaron a disparar en el fondo de la escuela, Claudio subió al techo para defender a los chicos que estaban comiendo y gritó “¡Paren de tirar, hijos de mil p****, hay chicos acá!” y lo abatieron a punta de escopeta.

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Emelina Alonso, directora de Asistencia a Personas Privadas de la Libertad y coordinadora del programa contra la Violencia Institucional del Ministerio Público de la Defensa (MPD) de la Ciudad de Buenos Aires, afirmó que a su secretaría llegan aproximadamente 100 casos de violencia institucional por mes, y que el 90 por ciento de los hechos involucra a la Policía de la Ciudad, la edad de las victimas ronda de los 15 a los 25 años.

Cientos de casos iguales, el mismo modus operandi, jóvenes en situaciones vulnerables en manos de una policía que arrasa. No es una manzana podrida, no es un caso aislado. Es el comportamiento habitual de las fuerzas de seguridad en contextos de vulnerabilidad y pobreza. No es un policía, es toda una institución. Debemos mantener en la memoria estas situaciones, que no haya más un Facundo, un Claudio, un Lautaro. Que morir a manos de la policía deje de ser un miedo cuando salimos a la calle. Bien los expresaban los piojos en su tema pistolas: “Pistolas que se disparan solas, caídos, todos desconocidos, bastones, que pegan sin razones, la muerte es una cuestión de suerte”.