Plata que vale oro

En mayo de 2018 le tocó aprender a caminar de nuevo. Hoy posa con su tercera medalla catalogada como catalogándose la mejor deportista olímpica del país en su historia: “la pulga”, Mariana Pajón.

Se disputaban las semifinales de la Copa del Mundo, en Papendal (Países Bajos), cuando a los pocos segundos del inicio, Pajón perdió el control de su bicicleta, lo que hizo que cayera produciéndole una caída. Lo peor, vendría después, pues se confirmó que sufrió una ruptura total del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda y la ruptura parcial del colateral medial. Allí sería donde Mariana Pajón iniciaría un calvario donde ni dormir ni caminar podía


: reporterosasociados.com

Luego de la operación fue una larga espera de nueve meses, en los cuales Pajón no tocaría un pedal. Su reinicio costó como no se imaginó, no solo en lo físico, en lo mental también. Para alguien acostumbrada a cabalgar las carreras, pasar a terminar las carreras mirando la llanta trasera de la cicla de sus rivales es un golpe al orgullo y a la competitividad. Solo aquellos con una mentalidad inquebrantable sabrán manejar el rigor de la situación.

Situación que cayó en las mejores manos, hablando en términos positivos. Esto porque son muy pocos los deportistas que sobrepasan en mentalidad y en ambición a la antioqueña. Por eso está donde está y es quien es.

Tras su vuelta al ruedo, Mariana no solo se propuso recuperar su nivel progresivamente, sino sumar la mayoría de los puntos para ir a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Objetivos que conseguiría tan fácil, que parecieron increíble. Aunque su estado físico no era el mismo al de años anteriores y sus rivales cada vez se consolidaban más. Hecho que nunca agobio a Mariana Pajón, y, por el contrario, la alentó a seguir trabajando a diario por dejar el país lo mejor representado.

Era 2020, y ya los Juegos Olímpicos estaban cada vez más cerca cuando se entrometió la pandemia y acabó con todos los planes. Aunque suene feo y el término es netamente deportivo, Pajón salió favorecida del parón, debido a sus condiciones a puertas de los Olímpicos no eran las óptimas y un podio se veía todavía muy lejano.

También lee ; La persona detrás de la medalla plateada

Tendría la fortuna de preparar un año más su condición que siempre fue en progreso, pero no a la velocidad que ella hubiese querido. Mariana siguió por el camino del trabajo y sacrificio porque sabía que los Juegos Olímpicos traen otra sensación para ella. Se pone la tricolor y vuela. Inyección anímica que llaman.

Llegaría el tan sufrido y anhelado inicio de las justas más importante para el deporte. Mariana había vuelto a tomar el número uno en el ranking UCI. Sin embargo, todavía faltaba verla con las mejores para saber de sus reales condiciones, ya que por la Covid-19 muchas competencias donde medían fuerzas fueron canceladas.

El primer día de competencias empezó  a dar visos de que las sensaciones eran las mejores, ya que como nos tenía acostumbrados en Juegos Olímpicos, no conocía lo que era un segundo puesto.

Llegó el segundo y definitivo día, donde Pajón tendría que luchar codo a codo con las mejores y favoritas al título olímpico como Laura Smulders y Alice Willoughby. En semifinales iniciaría con una remontada histórica, pues tras un flojo arranque superó a todas en línea de meta.  Las sorpresas no se harían esperar y serían la eliminación de las máximas rivales de la colombiana mencionadas anteriormente tras un par de caídas que les imposibilitaron el pase a finales.


portafolio.co

Luego de la operación fue una larga espera de nueve meses, en los cuales Pajón no tocaría un pedal. Su reinicio costó como no se imaginó, no solo en lo físico, en lo mental también. Para alguien acostumbrada a cabalgar las carreras, pasar a terminar las carreras mirando la llanta trasera de la cicla de sus rivales es un golpe al orgullo y a la competitividad. Solo aquellos con una mentalidad inquebrantable sabrán manejar el rigor de la situación.

Situación que cayó en las mejores manos, hablando en términos positivos. Esto porque son muy pocos los deportistas que sobrepasan en mentalidad y en ambición a la antioqueña. Por eso está donde está y es quien es.

Tras su vuelta al ruedo, Mariana no solo se propuso recuperar su nivel progresivamente, sino sumar la mayoría de los puntos para ir a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Objetivos que conseguiría tan fácil, que parecieron increíble. Aunque su estado físico no era el mismo al de años anteriores y sus rivales cada vez se consolidaban más. Hecho que nunca agobio a Mariana Pajón, y, por el contrario, la alentó a seguir trabajando a diario por dejar el país lo mejor representado.

Era 2020, y ya los Juegos Olímpicos estaban cada vez más cerca cuando se entrometió la pandemia y acabó con todos los planes. Aunque suene feo y el término es netamente deportivo, Pajón salió favorecida del parón, debido a sus condiciones a puertas de los Olímpicos no eran las óptimas y un podio se veía todavía muy lejano.

Tendría la fortuna de preparar un año más su condición que siempre fue en progreso, pero no a la velocidad que ella hubiese querido. Mariana siguió por el camino del trabajo y sacrificio porque sabía que los Juegos Olímpicos traen otra sensación para ella. Se pone la tricolor y vuela. Inyección anímica que llaman.

Llegaría el tan sufrido y anhelado inicio de las justas más importante para el deporte. Mariana había vuelto a tomar el número uno en el ranking UCI. Sin embargo, todavía faltaba verla con las mejores para saber de sus reales condiciones, ya que por la Covid-19 muchas competencias donde medían fuerzas fueron canceladas.

El primer día de competencias empezó  a dar visos de que las sensaciones eran las mejores, ya que como nos tenía acostumbrados en Juegos Olímpicos, no conocía lo que era un segundo puesto.

Llegó el segundo y definitivo día, donde Pajón tendría que luchar codo a codo con las mejores y favoritas al título olímpico como Laura Smulders y Alice Willoughby. En semifinales iniciaría con una remontada histórica, pues tras un flojo arranque superó a todas en línea de meta.  Las sorpresas no se harían esperar y serían la eliminación de las máximas rivales de la colombiana mencionadas anteriormente tras un par de caídas que les imposibilitaron el pase a finales.

Estando en la final, por renombre Mariana parecía no tener rival. Hasta la “aparición” de Bethany Shriever. Entre comillas porque es el futuro del bicicrós y quien aspira seguir las huellas de Pajón. Shriever pasó de recaudar dinero para participar en Tokio 2020, tras el recorte presupuestal por parte del gobierno británico, a ganar el oro olímpico y encima a su ejemplo a seguir.

Sin embargo, la plata para Mariana es un botín gigante, luego de todos los pormenores que tuvo que pasar para volver estar montada en un podio. Y como ella misma lo afirmo: “esta plata vale oro”. Por esto la reina volvió a brillar en Tokio. Esta vez no con oro, pero sí con una medalla que supera a todas las obtenidas, la de lucha y entrega por su país.