Ravensbrück: el horror del holocausto

En 1939 los nazis construyeronhicieron construir el único campo de concentración exclusivamente para mujeres en la localidad alemana de Ravensbrück.

En Ravensbrück las prisioneras vivían en deplorables condiciones de higiene, eran obligadas a extenuantes jornadas de trabajo de hasta 16 horas y soportaban la brutal violencia de las guardianas de las SS.

Han transcurrido 82 años y el horror de las mujeres que entraban en el llamado puente de los cuervos sigue presente. Lo único que empujó a esas mujeres a sobrevivir fue su creencia acérrima en la democracia, en la justicia social y, sobre todo, en la igualdad.

En total unas 50.000 prisioneras perecieron allí a causa de las durísimas condiciones a las que estaban sometidas y otras 2.200 fueron asesinadas en sus cámaras de gas.

La escritora y periodista española Mónica G. Álvarez, que ha realizado una amplia investigación, resalta el hecho de que no eran espías, tenían trabajos normales. En el libro «Noche y niebla en los campos nazis», la autora traza los retratos de once luchadoras españolas desde su infancia hasta su vejez.

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Entre las vejatorias situaciones que las internas padecieron en Ravensbrück, estaban los exhaustivos controles ginecológicos efectuados sin ninguna higiene y en condiciones vergonzosas.

Debido a que los nazis consideraban a los niños una carga, así que en los campos de concentración todos los bebés y los menores de ocho años eran directamente asesinados.

“Mataban al hijo cuando nacía. Los ahogaban en un balde de agua… o las SS los cogían de los pies y los tiraban contra un muromumuro»

 Conchita Grangé Beleta.

Aunque a partir de los 9 años a los niños se les perdonaba la vida, pero eran destinados a trabajos forzados de igual manera, obligándoles con frecuencia a manipular ácidos., por eso la mayoría moría por las durísimas condiciones de vida.