Sergei Krikalev, el cosmonauta abandonado en el espacio

Sergei Krikalev tenia 33 años cuando el 18 de mayo de 1991, realizó su segunda misión a bordo de la estación espacial MIR, la cual duraría tan solo cinco meses.

El lanzamiento fue desde el legendario cosmódromo Baikonur en Kazajistán, el mismo desde donde la Unión Soviética se había puesto en ventaja en la carrera espacial contra Estados Unidos.

A la estación llegó acompañado de otros dos astronautas: la británica Helen Sharman y el comandante Anatoly Artsebarsky.

Sharman llegó a tierra firme a las pocas semanas, pero los otros dos hombres tendrían que esperar unos meses más.

Para octubre, mes en que se suponía volverían a casa, los planes cambiaron drásticamente y les extendieron su estadía en el espacio.

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En junio del mismo año los rusos habían elegido al presidente del nuevo parlamento ruso y la situación política del país se agravó.

Algunas repúblicas de la Unión Soviética declararon independencia y el territorio se dividió en 15 países, a ninguno de los cuales pertenecía Sergei.

En pleno lapso, a mas de 300 kilómetros de la superficie terrestre, Krikalev se convertía en el último ciudadano soviético, su lugar ahora era el espacio.

Rusia se hizo cargo de la Agencia Espacial que estaba en medio de una profunda crisis económica y aunque hubo dinero para regresar al comandante Artsebarsky, no lo hubo para Sergei.

El astronauta se quedó cuidando la Estación mientras se decidía su destino en la Tierra.

Para intenta recaudar fondos, la Agencia Espacial incluso firmó un acuerdo con Coca-Cola a cambió de que los astronautas aparecieran bebiendo su refresco. Pero el dinero apenas y alcanzaba para pagar los salarios del personal.

Mientras tanto, el astronauta soviético pasaba el tiempo sujeto a una cuerda pues por cada mes de ingravidez su cuerpo perdía masa muscular y ósea. También hablaba con radioaficionados de todo el mundo que lo mantenían al tanto de las noticias. Además, se enteró que su familia estaba pasando por una mala racha económica, pues el sueldo del cosmonauta pasó a ser uno de los más altos, a 2.50 dólares al mes.

Finalmente, el 25 de marzo de 1992 llego la expedición de revelo, gracias a los 28 millones de dólares que donó Alemania.

Sergei Krikalev había estado 313 días varado en el espacio y le había dado 5.000 vueltas a la Tierra, apenas aterrizó las autoridades rusas lo sacaron, aturdido y desorientado. Con el fin de taparle las banderas de la Unión Soviética del uniforme, le echaron encima un abrigo y le dieron un plato de caldo; se veía pálido, sudoroso y no podía caminar, pero estaba feliz de haber regresado.

Sin embargo, su vida había cambiado por completo, su patria había dejado de existir, el centro de lanzamiento de cohetes ahora pertenecía a la naciente república de Kazajistán, su sueldo de 600 rublos no alcanzaba ni un kilo de carne y su ciudad natal ya no se llamaba Leningrado, sino San Petersburgo, su pasaporte era inservible y su carnet de miembro del Partido Comunista carecía de toda validez. Y, para colmo, con la caída de la Unión Soviética, el ejército lo había llamado como reserva y, al no presentarse, había una orden de arresto en su contra.

Sergei Krikalev fue perdonado y poco a poco volvió a la estabilidad, recuperó su empleo y realizó cuatro viajes más al espacio. Fue el primer astronauta en viajar en una misión de la NASA y parte de la primera tripulación de la Estación Espacial Internacional.