Su salud mental se lo impidió

Mirko Saric, con nombre croata por la descendencia de sus padres, pero nacido en Buenos Aires, Argentina el 6 de junio de 1978. Inició muy joven en las inferiores de San Lorenzo y no demoró en llamar la atención por su talento y aspecto físico, pues tenía más cara de actor de Hollywood que futbolista. Pero sin duda alguna era un crack. 

A los 18 años debutó en la primera división de Argentina de la mano de Carlos Aimar. Pero, el técnico que lo llevó a ponerlo en los ojos del mundo fue el tan conocido y característico, “Cabezón” Ruggeri en la temporada de 1999. 

Zurdo de mucha clase, mediocampista polifuncional, de esos que tanto quieren en Europa. Lo llamaban el nuevo Fernando Redondo. Y en efecto, fue tanto lo que destacó Saric que con 20 años el equipo más importante en la historia del mundo, Real Madrid, puso los ojos en él. Se decía que la transacción estaba lista por 10 millones de euros, que para la época era como si pagaran como mínimo 50 millones hoy en día. 

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Tenía todo para brillar en el fútbol. Pero todo se fue yendo abajo en la vida personal y profesional  de Mirko. 

Debido a un accidente de tránsito, tuvo una leve lesión que le bajaría el rendimiento y lo mandaría al banco de suplentes. Fue tanto su bajón que lo mandaron a las reservas del club. Esto empezó a golpear emocionalmente al jugador croata-argentino. 

Sin embargo, lo que truncaría su venta y en definitiva acabaría con su carrera sería un partido en el torneo de reservas contra el River Plate, en el que por un mal giro en la rodilla, se rompería los ligamentos cruzados.

Pero había algo más que lo atormentaba. En el barrio en que creció, Saric tenía una novia con la que tendría un hijo. No cabía de la emoción. En el equipo le empezaron a dar regalos para su bebé.

Lo que Mirko no sabía era lo que hacía su novia cuando él se concentraba en el equipo. En palabras de la mamá de Mirko: “La enganchaban con muchos pibes”. Esto quiere decir que apenas sabía que Mirko no estaría, aprovechaba para tener encuentros con otros hombres.

Prepárense porque es aquí donde viene el golpe más duro en la vida de Mirko Saric que sería la gota que rebozó la copa. Ya que la novia fue vista con más hombres, la familia de Saric le pidió que se hiciera una prueba de ADN para saber si esa niña sí era de él. Así es queridos lectores, la prueba salió negativa por lo que la niña que creyó era de él, no lo era. 

Mirko lloró todo lo que pudo pero no le alcanzó, el drama no le cabía en su cuerpo. Es así como el 4 de abril del 2000 con tan solo 21 años, decidió poner fin a ese desencanto. En una barra para hacer ejercicio que tenía en su habitación, amarró una sábana con su cuello, le dio 2 vueltas con tres nudos y se lanzó. Su madre sería la que lo encontraría ahorcado. Una imagen que seguro nunca olvidará. 

21 años después, Ivanna, madre de Saric, narra cómo fueron las últimas palabras de su hijo. Esto fue lo que le dijo al diario Infobae.

“La noche anterior no podía dormir. Lo desperté a mi marido y le dije: ’Llamemos al doctor porque a Mirko no lo veo bien’. Yo sabía que no estaba tomando la medicación, pero esa noche antes de irme a acostar le dije: ‘Mirko, todo tiene solución en la vida menos la muerte’. ¿Sabés que me contestó?: ‘¿Acaso sos bruja que me leés la mente?’».

La salud mental es un tema serio y de mucho cuidado. La depresión puede ser una enfermedad silenciosa, que poco a poco nos va consumiendo más y más y, en el momento que menos lo pensemos, podemos colapsar. No nos creamos autosuficientes, lo más recomendable siempre es buscar ayuda profesional cuando se crea necesario, pero también contarle a alguien sirve. Al amigo, a los familiares, a la pareja sentimental. Puede que esas palabras que le digamos a alguien más, nos puedan salvar la vida.