Suicidio y versos

Uruguay es uno de los países de América Latina con tasa de suicidio más alta. La pandemia fue un factor que ayudo a aumentar este promedio, ya que desató miedo e incertidumbre en la población. La depresión incrementó en la población a raíz del aislamiento, y el foco primordial que se hizo en los medios de comunicación a la COVID-19 logró que no se hablara de otro tema. No se le dio la importancia suficiente al cuidado de la salud mental, y la COVID-19 consiguió acaparar todas las luces, dejando de lado un tema fundamental como el suicidio.

Todos aquellos que lo vivieron de cerca, que tuvieron un familiar o un amigo en esta situación, también quedaron desamparados.

Este extracto de texto trata sobre como se siente una persona cuando tiene a un familiar o a un amigo que pasa por esta situación.

La ida

Me visitó en un sueño y me dijo adiós.

La vi irse con su bastón.

Con sus ojos tristes me consoló,

y me dijo que no tuvo opción,

que ella misma se acorraló.

La sostuve, pero el viento me jaló.

No quería irse, pero a la misma vez me dejó,

me susurró un perdón.

No quise explicaciones,

 pero igual me explicó,

que le ganó el dolor y que no lo soportó.

Sus palabras me rompieron el corazón,

y entendí el silencio que ella guardó,

su alma se liberó, pero la mía se encerró.

Le grité que no se fuera, que no me dejara,

que yo todavía la necesitaba.

Todo esto la angustió,

pero no retrocedió.

Había tomado su decisión,

y el paso retomó.

No es fácil entender porque se marchó,

como tampoco lo es entender el dolor.

Me dejó el vació que ella una vez sintió.

Me preguntó si en verdad se despidió,

o fue algo que mi cabeza inventó.

La impotencia de no ver lo que se tiene en frente,

terminó transformando a las vivencias en algo ausente.

Extrañar y recordar se volvió mi religión,

pero también me dejó el miedo de no querer volver a decir adiós.